Existen numerosas publicaciones científicas sobre la relación que hay entre la apariencia facial y la aceptación social. La cara es la parte de nuestro cuerpo que tiene mayor relevancia en el conjunto del atractivo físico además de ser una de las fuentes principales que conforman nuestra identidad psicológica. Se ha comprobado que las personas que están satisfechas con su imagen facial tienen un mayor grado de confianza en si mismas, y que la apariencia de los dientes es el área más influyente, haciendo mejorar el conjunto total cuando éstos se muestran bien alineados y con aspecto saludable.
Observamos que las personas atractivas son recompensadas por su entorno potenciando su nivel de autoestima, lo que a su vez refuerza aún más su capacidad de relacionarse con los demás. El atractivo se asocia con el éxito. Contrariamente, a una persona con poco atractivo, se le atribuyen características más negativas. Estos prejuicios hacen que el aspecto físico condicione el pensamiento que las personas puedan tener de nosotros. Podemos acabar viéndonos a nosotros mismos como nos perciben demás.





